
Altivo, alegre, elegante
orgulloso indio renegado.
No admite el implante
en la Reserva del Hogar del Jubilado,
del rostro pálido, malvado.
Paseas a solas
bajo el sol del invierno
y no añoras
la juventud:
alocado alud
de sentimientos.
Ni la niñez:
ya la viviste
una vez,
hace tiempo.
Vives tu edad madura
y la paladeas con calma,
como caldo de buena uva.
Y te ríes con ganas
de los que se tiñen las canas.
La muerte te pillará de pie, una mañana...
Y no como a esos pobres lenguaraces
que la esperan sentados, lamentándose con desgana,
en la sala de los desguaces.
¡Salve viejo!
¡Ni la tercera edad, ni pollas en vinagre!
Te arde la sangre
cuando te mira hu hijo,
¡Tu propia raigambre!
por encima del hombro
pensando que ya eres un escombro,
caduco, inservible y tonto...
Y piensas...
¡Mierda de niño!
Le tenia que haber dado más leches
y menos cariño.
Haberlo forjado, templado,
en la realidad de la vida.
Pero me ha salido así
y esta es mi herida.
¿Está degenerado la raza,
o sólo pasa en mi casa?
¡Salve viejo!
¡Ni tercera edad, ni pollas en compota!
Todavía te arde la sangre, ante tanto idiota.
Los años y la enfermedad doblegarán tu cuerpo:
... es incuestionable;
pero... nunca, nunca, tu espíritu indomable.
Paseas a solas
bajo el sol del invierno,
al costado de las olas
del mar eterno.
Francisco Jiménez











"El Día Internacional de la Mujer Trabajadora se refiere a las mujeres corrientes como artífices de la historia y hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre. En la antigua Grecia, Lisístrata empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra; en la Revolución Francesa, las parisienses que pedían "libertad, igualdad y fraternidad" marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino"... 
