21 febrero 2009

Entre fantasmas, o no?


Os voy a contar algo que me sucedió hace muchos años.

Por motivos de trabajo, tuve que irme a vivir a otra ciudad, al principio viví tres meses en una residencia de estudiantes, más tarde alquilé un piso junto con dos chicas más. Era un piso muy grande, cuatro habitaciones y dos cuartos de baño. Primero una de las chicas se fue, y al cabo de unos meses se fue la otra, así que me quedé sola. Sola.

Un piso enorme lleno de vacío, habitaciones llenas de armarios vacíos por dentro. Así en esta situación me encontraba yo viviendo. Un día al regresar del trabajo, entré y me encontré la televisión encendida, qué raro, pensé, yo juraria que la había apagado. Al día siguiente pasó lo mismo, y así durante tres días más, cada día que pasaba estaba más mosca, porque a pesar de que soy muy racional y no creo en fantasmas, la situación me estaba poniendo nerviosa.

¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué la tele se encendia sola? ¿Había fantasmas?

Pues no, no había ningún fantasma, por lo menos ninguno que encendiera la tele, lo que ocurría era que yo apagaba la tele con el mando a distancia, y se quedaba el pilotito encendido. Durante esos días hubo microcortes de corriente eléctrica, muy pequeños porque el despertador no se ponía a ceros, pero lo suficiente como para encender la tele. ¿Cómo lo descubrí? un día ese corte no fue micro y cuando llegué a casa la tele encendia y el reloj a ceros, y pensé a ver si... y sí. Apagué la tele con el mando, la desenchufé, la volví a enchufar, y ¡voila! la tele se encendió. A partir de ese día apagué la tele con el pulsador. Además de ahorrar energía, te evitas sustos.

13 febrero 2009

Three Little Birds de Bob Marley

Y para celebrar que llega el fin de semana os dejo una de las canciones que más me gusta de Bob Marley, que la disfrutéis.



P.D. Se la dedico a mi "cuñao" que le encanta.

12 febrero 2009

Un dia diferente

Esta mañana está siendo un poco peculiar, he tenido varios despistes, cosa bastante rara en mí, no suelo ser despistada. A la hora de ducharme me he enjabonado con el champú, en vez de con el gel. Me he puesto desodorante en crema, me peino y me vuelvo a poner el desodorante, y cuando iba a salir de casa por poco no cierro la puerta con llave. Soy la primera en salir, así que nunca cierro con llave.

Después cuando me dirigía hacia el trabajo iba caminado y pensando en mis cosas, que si tengo que pedir hora al dentista, que si los niños tienen que llevar al cole tal cosa, que si que pequeña que soy con lo grande que es el Universo, en fin iba en esas justo cuando llego al último semáforo antes de entrar al trabajo, me disponía a cruzarlo cuando oigo voces que venían de un coche que estaba parado esperando que el semáforo cambiara, termino de cruzar la calle, me giro y veo desde el coche una mujer rubia con el pelo rizado que se dirige hacia mí, iba repitiendo una frase pero yo ensimismada como estaba en mis pensamientos no la entendía, me acerco y le pregunto

-Qué?- yo pensaba que me estaba preguntando por alguna dirección, por su aspecto y por su acento parecía extranjera.
-¡Buen día! ¡ Que tenga un buen día!- repetía gritando
-¡Ah! –exclamé yo sorprendida- ¡Igualmente!

El semáforo cambió y el coche se alejó por las calles de Barcelona llevándose a un hombre que conducía sonriendo y a una mujer gritando. ¡Buen día!

10 febrero 2009

El Buscador

Un cuento más de Jorge Bucay para reflexionar y dedicar tiempo a lo que realmente importa...


Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador. Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día nuestro Buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó Kammir a lo lejos, pero un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. Estaba rodeaba por completo por una especie de valla pequeña de madera lustrada, y una portezuela de bronce lo invitaba a entrar Druida en el bosque, de Jonathon Earl Bowser. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.

El Buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como por azar entre los árboles. Dejó que sus ojos, que eran los de un buscador, pasearan por el lugar... y quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción. “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, y sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar…

Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Al acercarse a leerla, descifró: “Lamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

- No, ningún familiar – dijo el buscador - Pero... ¿qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de niños?

El anciano cuidador sonrió y dijo:

"Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré... Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta, Si quieres ver la imagen completa... basta con que hagas click como ésta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de entonces, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana, dos? ¿tres semanas y media? Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?

¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿y el casamiento de los amigos? ¿y el viaje más deseado? ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones? ¿horas? ¿días?…

Así vamos anotando en la libreta cada momento, cada gozo, cada sentimiento pleno e intenso... y cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido."

Jorge Bucay

05 febrero 2009

Lady Marmalade

Ahora que todo el mundo habla de crisis, yo quiero levantar el ánimo, y para eso nada mejor que esta canción, que la disfrutéis...