Se han fundido los fusibles:
silencio, oscuridad.
Mi casa es una tumba…
la ciudad un cementerio.
La sangre ya no corre por los cables de cobre
y empieza la putrefacción de los cuerpos.
Un sabio enciende un quinqué de queroseno,
en medio de las tinieblas, donde deambulan
millones de zombis en busca de un PC portátil.
Y yo que viví en el pasado…
me río en la noche sin farolas
como un renegado poseso.
Y enciendo una vela blanca,
con la llama azul de un mechero…
y el crepitar del pabilo…
fuego amarillo, humo negro.
Y aparecen de golpe todas las estrellas
cuajando el cielo….
Sin MATRIX: muertos vivientes…
¡Porque la vida está dentro!
Francisco Jiménez
