Foto de Jarl Schmidt en Unsplash
Hace seis años el mundo entero miraba a China, y hacíamos bromas con el virus. Lo veíamos muy lejano. Al cabo de unas semanas a todo el planeta se nos quedó cara de tonto porque el virus que empezó en China se había convertido en una pandemia. Todos los países estaban afectados y según el color del gobierno de turno, en cada país se tomaban unas medidas u otras. Aquí en España, se confinó a la población, y eso por suerte evitó muchas más muertes de las decenas de miles que por desgracia hubo. Una crisis de esta envergadura, saca lo peor y lo mejor de las personas. Como el aceite que sale a flote cuando metes un caldo en la nevera, así salieron los violentos a echarle las culpas a los chinos, a los médicos y a las enfermeras; y los negacionistas a no creer que las muertes la producía el COVID 19. Luego vinieron los antivacunas, cuando ya tuvimos el remedio para frenar la enfermedad y que no te cogiera tan fuerte. También tengo que decir que la gente buena, se preocupó por sus mayores, llevando comidas a familiares y vecinos, y se solidarizaron cada tarde a las 20.00 aplaudiendo al sector sanitario. Todo aquello mientras lo estaba viviendo me parecía un distopía, y todavía recuerdo la preocupación por tener a mi madre ingresada en el hospital y la angustia de no saber cuándo va a mejorar la situación. Cuándo llegaríamos al pico de infectados y empezaríamos a bajar. Sí, parecía una pesadilla de la que cada mañana al despertar seguíamos dentro de ella. Sin embargo aquello pasó y nos unió a los seres humanos como víctimas en una enfermedad común a todo el planeta.
Hoy nos volvemos a meter en otra pesadilla, en otro mundo distópico por culpa del presidente de EEUU y sus seguidores fascistas de ultraderecha. Trump ha secuestrado al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y no lo acusa de dictador, lo acusa de narcotráfico, y no lo ha hecho para democratizar el país, lo ha hecho para quedarse con su petroleo. Y aquí no acaba la cosa, esto no ha hecho más que empezar, ahora amenaza a Europa con quedarse con Groenlandia, que pertenece a Dinamarca, que es un país aliado de EEUU y miembro de la OTAN. Y mientras Europa se pone de perfil y solo se le ocurre sacar un comunicado. España y Grecia son los únicos que está frontalmente en contra de las políticas de Trump, el resto de países a verlas venir.
Solo espero que la luz de la vela sea como el virus de hace seis años y se propague en forma de esperanza y el mundo recobre su cordura y podamos salir de esta oscuridad.
