05 marzo 2008

Sin título

Las ratas de los castillos suelen reencarnarse en Condes; pero yo, que soy un espejo esférico de metal rodante, vagando por los senderos de hierro de los ferrocarriles, y por las sutiles lineas de fuerza, de los campos magnéticos desnortados que hacen zozobrar a las brújulas...¿En qué podría reencarnarme, habiendo tocado ya, con la punta de los dedos, la inconmensurable belleza inaccesible; y el inimaginable dolor de la vida, que abre heridas -siemprevivas- como valles, donde llueve la sal y el vinagre, desde las nubes más negras?¿En qué se reencarnarán los poetas...?¿En qué dimensión fantástica se podrá lacerar mi alma desde ángulos nuevos-imposibles... con las saetas de hielo del carcaj, de una copa de ginebra?
Ser una bola de frío acero,
encerada, pulimentada,
esperando que llegue su turno
en el negro vacío insondable
de la nada.
Un violento parto-empujón
y golpes, golpes y más golpes
en la máquina del millón.
Palos, palos y más palos
bajo el techo acristalado.
Y en un visto-y-no-visto
¿Que ves...?
El vacío
...otra vez.
¡Otra...vez!
existir-y-no-existir.
¡JODER...!
¿QUÉ MÁS DA, GANAR O PERDER...?
Este poema me lo susurró Edgar A. Poe, una noche de verano, directamente al corazón, por el invisible e intemporal hilo conductor de un murciélago.
F.Jiménez

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Han sido los versos más oscuros... y la calaración final permite deducir enseguida porque!!

Como siempre... magnifico.

Un beso

Pruna dijo...

jajaja mapim es que mi hermano se codea con los más grandes ;)

Besos

Pazcual dijo...

Mapim tiene razón..Es algo oscuro. Pero me gusta. Tu hermano es muy bueno, siempre me ha gustado leer sus poemas, son excelentes.
Saludos!,

Paz

Anónimo dijo...

Tu hermano, muy bueno. ¡Vaya compañias que se gasta.
C.M.