Sería sábado:
Me desperté abrazado a mi niño, en medio de una tormenta. Había sido un trueno fortísimo.
Se puso en marcha el radio-despertador y empezó a sonar música...
Después, escribí este poema:
Acaricio su pelo fino
y el sudor de su frente,
y es verdad que no adivino
otro gozo diferente
que no sea el de quererte.
Mi niño se ha dormido,
ya su olor es mi alimento,
ningún perfume ha existido
tan dulce como su aliento.
Se estremece en mi pecho
con el trueno en la ventana,
abrazados en el lecho
tintinea una campana.
Ronronea el cristal
es la noche encabronada.
Una tormenta infernal
bruscamente desatada.
Tenerte aquí, hijo mío.
Dormir juntos, abrazados
(fuera la lluvia y el frío)
como dos enamorados.
Y te quiero sin medida,
tus dos añitos ya alcanzan.
Le dan sentido a mi vida
y tras mi muerte,
una esperanza.
Francisco Jiménez
1 comentario:
Hermano de Pruna este poema esta muy muy pero que muy bueno. No hay palabras.
Besos,
Paz.
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