10 abril 2008

Una Mujer de Verdad



¿Qué hace una chica tan hermosa

con las manos heladas

de madrugada

descargando mercancías

en pleno invierno?

Lleva la nariz roja

del pañuelo y del viento.

El furgón aguanta, todavía;

pero no sabe por cuanto tiempo.


Encogida en su chaquetón de faena

intenta calentar sus manos

echando en ellas su aliento

un vaho cálido, humeante,

que se le escapa entre los dedos.

Esperando que su reloj

dé las nueve, impaciente,

para esa deliciosa ensaimada

y el café con leche ardiente.


Mientras otras duermen despanzurradas

entre sábanas de raso,

cansadas de no hacer nada

que no sea la contienda

de un abrir y cerrar de piernas.

Ella gana su sustento con gallardía

luchando contra el sueño

y contra el escarchado día,

al volante, escanciando fardos,

con gracia y con alegría

como si repartiera nardos.

Y tiene la mirada hermosa

y son más hermosas sus manos

menuditas, blancas, limpias,

ungidas por el trabajo.

Viéndola arrimar el hombro en el tajo

con donaire y desparpajo

femeninamente fuerte

me reafirmo en mi postura

sin perder la compostura:

Nunca dejaré de admirar a las mujeres

de nos dan el amor, la vida y los placeres.


Francisco Jiménez

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya que le salio esto a tu hermano bien lindo. Una poesía que resalta a la mujer, como dice el totulo, de verdad.

Saludos

aunqueyonoescriba dijo...

uy, mira que me cuesta la poesía... pero esta es tan sencilla, tan básica... tan como la vida

Pazcual dijo...

Cada vez que leo a tu hermano, me gusta más y más, porque me deja sin palabras. Este poema es uno de los que más me ha gustado...Porque es la realidad de muchas mujeres, tanto de aquí como de allá.

Besos,

Paz

Pruna dijo...

Para mí también es una de las poesías que más me gustan.

Gracias por comentar.

Un beso