
¿Qué hace una chica tan hermosa
con las manos heladas
de madrugada
descargando mercancías
en pleno invierno?
Lleva la nariz roja
del pañuelo y del viento.
El furgón aguanta, todavía;
pero no sabe por cuanto tiempo.
Encogida en su chaquetón de faena
intenta calentar sus manos
echando en ellas su aliento
un vaho cálido, humeante,
que se le escapa entre los dedos.
Esperando que su reloj
dé las nueve, impaciente,
para esa deliciosa ensaimada
y el café con leche ardiente.
Mientras otras duermen despanzurradas
entre sábanas de raso,
cansadas de no hacer nada
que no sea la contienda
de un abrir y cerrar de piernas.
Ella gana su sustento con gallardía
luchando contra el sueño
y contra el escarchado día,
al volante, escanciando fardos,
con gracia y con alegría
como si repartiera nardos.
Y tiene la mirada hermosa
y son más hermosas sus manos
menuditas, blancas, limpias,
ungidas por el trabajo.
Viéndola arrimar el hombro en el tajo
con donaire y desparpajo
femeninamente fuerte
me reafirmo en mi postura
sin perder la compostura:
Nunca dejaré de admirar a las mujeres
de nos dan el amor, la vida y los placeres.
Francisco Jiménez
4 comentarios:
Vaya que le salio esto a tu hermano bien lindo. Una poesía que resalta a la mujer, como dice el totulo, de verdad.
Saludos
uy, mira que me cuesta la poesía... pero esta es tan sencilla, tan básica... tan como la vida
Cada vez que leo a tu hermano, me gusta más y más, porque me deja sin palabras. Este poema es uno de los que más me ha gustado...Porque es la realidad de muchas mujeres, tanto de aquí como de allá.
Besos,
Paz
Para mí también es una de las poesías que más me gustan.
Gracias por comentar.
Un beso
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