
No me gusta caer en brazos de mi amada
como un recién nacido, entre sus senos.
No me gusta encender la chimenea,
y que mi casa sea un hogar en el invierno.
No me gusta la paella,
con su sipia y con sus gambas…
ni el sabroso cordero.
Lo que en realidad me pide el cuerpo:
es andar diez kilómetros de rodillas,
el cruel cilicio que mortifica y lacera el cuerpo,
las aceradas agujas en los ojos
que de puro dolor, quedas ciego…..
Pero yo me
Sacrifico….
Y aquí me hallo,
en mi dulce soledad,
con un mojito en la mano.
Oyendo el adagio de Albinoni,
en mi sofá.
Mientras, tras el cristal,
una moneda: rojo vivo de cobre,
se enfría por los tejados
Y un universo de sombras,
lentamente,
se va difuminando.
Francisco Jiménez
2 comentarios:
(Me encanta que todas las veces que me voy del blog, me sale un mensaje de despedida...me parece tan curioso)
Mmm..el poeta de tu hermano me ha leído el estado de ánimo.
Besos
Paz
(qué bien que te guste, lo voy cambiando para que no se haga pesado)
Ay es que mi hermano es genial!!!!
Besitos
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