- Buenos días – le contestó ella- ¿Cómo es que viene usted con tanto frío por aquí?. Pase, pase siéntese.
El hombre se sentó, ella le ofreció una taza de caldo calentito.
- Quítese la ropa, que viene empapado y se la voy a secar.
Se la secó en la chimenea, estuvieron toda la tarde hablando, allí calentitos. Cuando llegó la noche. Dijo el hombre.
- Bueno señora ya me voy, ya ha hecho usted bastante por mí.
- No, usted no se va con este frío que hace. Quédese a pasar aquí la noche, yo me voy a quedar aquí, junto a la chimenea, haciendo calceta que tengo muchos encargos y tengo que entregarlos mañana mismo sin falta. Usted se puede acostar en mi catre.
Por la mañana el hombre se levantó.
- Buenos días señora, se ha portado usted divinamente, he llegado a casas de ricos y no me han socorrido y usted que es una pobre anciana que no tiene casi nada, me ha dado lo poco que tenia.
Desayunaron leche calentita con bollos. El hombre se puso de pie y le dijo
- Señora, yo no soy pobre, ni soy viejo, soy San Patricio que he bajado del cielo para conocer a las personas y usted es la más buena que he encontrado, pídame lo que quiera, dinero, riqueza, lo que usted quiera que yo se lo daré.
- ¡Uy! Si yo no quiero nada, yo soy muy feliz aquí, tengo todo lo que necesito para poder vivir.
- Mujer, algo necesitarás.
- Mire, le voy a pedir una cosa, que los niños cuando salen del colegio vienen, se suben al peral y me roban las peras.
- Muy bien, no se volverán a subir.
Aquella tarde cuando los niños salieron del colegio, dijeron como siempre de ir a robar las peras de la tía Miseria, se subieron todos, se hincharon de comer peras pero cuando dijeron a bajarse estaban todos pegados en el árbol.
- Tía Misería, tía Misería – gritaban los niños- bájanos que no nos podemos bajar.
- No podéis bajaros hasta que yo no os de el permiso –contestó ella.
Los niños lloraban.
- Déjanos ir por favor, que se hace tarde y nuestros padres se van a enfadar y nos van a castigar.
- De acuerdo os podéis bajar, pero con una condición que no volváis a robarme las peras nunca más.
- Te lo prometemos – dijeron todos
Desde ese día nunca subieron al peral a robarle las peras.
El peral parecía que estaba bendito, no paraba de dar peras cada vez más buenas y más dulces se las quitaban de las manos cuando iba al pueblo a venderlas.
El peral parecía que estaba bendito, no paraba de dar peras cada vez más buenas y más dulces se las quitaban de las manos cuando iba al pueblo a venderlas.
continuará...
2 comentarios:
ayy yo yo que armaba ya la floripundia para el matri...jaja.
Espero con ansias la próxima parte.
Besos,
Paz
Es que eres muy romántica, Paz, jajaja
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