El demanteladorde manteles
estira el cuello
todo lo que puede,
asoma la nariz
y sale corriendo
como una perdiz.
El desmantelador
de manteles
sa hace el sordo
cuando quiere,
te sonríe, disimula,
como si nada,
volviéndose payaso,
haciéndote monadas.
El demantelador
de manteles
de pronto tiene prisa,
viene corriendo,
te llama:
-¡Papi, papi!
¡Que tengo caca!
¡Corre, corre,
que se me escapa!
El desmantelador
de manteles
cae rendido
cuando el sueño
le ha vencido.
Mi Principito dormido
Mi Rey de Reyes.
Mis manos lo desnudan
y mis labios lo rozan
dulcemente.
Le pongo el pijama.
Lo llevo a la cama.
Pero mi amor es tan grande
que no se contiene,
y vuelvo a besuquear,
y a abrazar...
A mi desmantelador
de manteles.
Ahora ya puedo reír
comentando con su madre
sus travesuras,
sus ocurrencias,
el espíritu rebelde
de este pequeño objetor
de conciencia.
Que no se cansa de luchar
contra toda autoridad.
Un instrumento preclaro
que no quiere pasar por el aro.
Como es inteligente
y sabe que no puede
y sabe que no puede
de frente,
te ataca con estratagemas,
por los flancos,
con gracia rumbosa.
Pero lo que no sabe
es que fui cocinero
antes que fraile,
y sé de que va la cosa.
Francisco Jiménez
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