Hoy quiero compartir con vosotros las declaraciones de un juez de menores sobre educación y delincuencia juvenil.
"Emilio Calatayud Pérez es un campechano Juez de Menores de Granada. Con un verbo demoledor, este padre de familia da una lección magistral sobre lo que implica tener hijos. No cometas el error de no ver este vídeo.Emilio Calatayud Pérez (Ciudad Real, 22 de diciembre de 1955) es un magistrado español, juez de menores de Granada conocido por sus sentencias ejemplares.Sus sentencias educativas han bajado la delincuencia en Granada y han aumentado el número de menores que no reinciden en el delito. En casi 20 años, el «padrazo» ha juzgado a más de 10.000 jóvenes a los que, siempre que puede, da esa segunda oportunidad que todos alguna vez hemos necesitado.Según el propio Emilio:" Mi mayor satisfacción es que ahora estén aquí, sentados a mi lado, rehabilitados, contentos con sus nuevas vidas. ¿Cuándo un juez se encuentra así, amigablemente, como yo hoy, con tres de sus antiguos condenados?» Emilio Calatayud lo dice con auténtico orgullo. Junto a él, Jesús Antonio, Enrique y Federico sonríen a quien todos en Granada conocen también como el «padrazo», el juez de Menores más conocido de España, aquél de las condenas ejemplares que en cada chaval jamás ve a un mero «delincuente», sino a «un joven que cometió un delito» y, aun más, a una víctima de un sistema social que demuestra fracasar cada mañana en la que él vuelve a condenar a un crío. Ante esa instancia, su desafío es claro: rehabilitar sin encerrar a quienes han delinquido, trabajar con ellos en el mismo entorno en el que cometieron sus faltas. Lleva 17 años intentándolo, e incluso lográndolo: el 82 por ciento de los menores que cumplen condenas en el régimen de medio abierto --libertad vigilada y prestación de servicios al beneficio de la comunidad-- no reincide en el delito. «Hoy ya evitamos incluso que un 70 por ciento de los menores vaya en un futuro a prisión --explica--, un gran logro de los profesionales que trabajan conmigo y de los que yo soy sólo la cabeza más visible."
31 enero 2008
29 enero 2008
La Verdad es una Patria sin Caminos y sin Mapas

¿Qué cojones hago yo aquí?
A seis mil millones de kilómetros
del Sol. En Plutón.
A doscientos dieciséis grados
bajo cero. Sólo veo oscuridad
y a la inmensa luna Caronte,
pálidamente en el cielo:
un planeta de hielo.
Un infierno frío y negro.
El Sol es otra estrella más
la Tierra no se ve en el firmamento.
Otro cuerpo astral apareció
en un momento.
- Soy tu ángel de la guarda
dulce compañía, no te dejo solo
ni de noche ni de día.
Y sin malfario
surgió de la nada
el complementario
- Soy su diablillo asignado
Siempre lucho con este gilipollas
emplumado.
-Por Dios.
-Por Belcebú.
-Yo soy de las brigadas celestes.
-Yo del frente demoníaco.
-Yo llevo el cabello de ángel corto.
-Mis cuernos están rapados.
-¿A qué te vaporizo agua bendita?
-¿A qué te fustigo con el rabo?
¿Por qué no os largáis?
dije yo indignado.
-¡Y una mierda!-dijo el ángel.
-¡Y una mierda!-dijo el astado.
Contestaron a dos voces:
No ves que te necesitamos.
¿Acaso quieres que nuestros jefes
nos manden al paro?-
Sois dos moscones pesados.
Id a zumbar a otra parte.
Dimito de vuestra tutela.
Ya podéis ir soltando velas.
-¡Óyeme, imbécil!
¿Quieres renunciar al deseo?
Cuerpos sudorosos que fornican
lujuriosamente ebrios...
¿Quieres renunciar al odio?
Producir dolor y matar
a tu enemigo sin piedad..
¿Acaso no tienes derecho a todo?
Acrecentar tu egoísmo y tu vanidad
pisando a los demás...
No seas un borrego
abriga todos los vicios.
Adora al señor del Averno.
Tu camino no es el mío.
Lleva a un callejón sin salida
rezumante de veneno.
Me asustaría de mi mismo,
del reflejo del espejo.
Yo no quiero que me teman,
que me quieran
sólo quiero.
El odio te autodestruye.
El sexo es sólo sexo.
Yo no adoro a nadie
y menos al de los cuernos.
-Palabras sabias, piadosas,
de la verdad y el cordero.
Palabras de hombre bueno.
Adora al Señor
y eternamente vivirás
en el reino de los cielos.
Veo que no me entiendes
mi plumífero compañero.
Sólo me dáis dos opciones
con vuestras reglas del juego:
del blanco al negro,
vivir en el gris...
O conmigo, o contra mí.
De los dos caminos
yo elijo el tercero:
una senda de color
que me lleve donde quiero.
Sólo de la naturaleza
quiero ser prisionero,
esencia total del ser,
de la que formo parte
y en la que me muevo.
Sin infierno.
Sin cielo.
Sin trascender a la muerte.
Sin verdades reveladas.
Sin jefes.
Sin consuelos.
Quiero ser yo mismo
y no me dejáis serlo.
Desaparecieron los dos ángeles,
el malo y el menos bueno.
Eran fruto de mi pensamiento.
Y yo me quedé en Plutón,
tan solito y tan contento.
Era un sueño tan lúcido
que no parecía serlo.
A veces estás dormido
cuando te crees despierto.
Desconfía, amigo mío
de los gobernantes
de los sacerdotes
y de los maestros.
Te lavarán el cerebro,
te vaciarán la cartera
y sin darte cuenta
te quedarás sin ideas.
Pensarán por ti,
cuidaran de ti,
te preservaran de ti.
Pondrán tu mente en barbecho
vampirizando tu energía
en su provecho.
Serás su esclavo,
y ellos, tus amos.
No tendrás valor para mirar con tus ojos
el vacío insondable e infinito.
No te quedaran arrestos para sonreírle a la
muerte.
Te ocultarás como un niño asustado,
consecuente,
desde el mismo momento en que renunciaste
a que madurara tu mente.
Pero aun estás a tiempo.
Manda a tus maestros
a freír pimientos,
verás que la verdad verdadera
sólo surge desde dentro.
Nadie la trasmite a nadie,
con palabras no se puede.
Es un sentimiento íntimo
que brota, como la nieve
de esa sutil, vaporosa nube
que no se sabe a dónde va
ni de dónde viene
pero deja las montañas blancas
y la mente efervescente.
Piensa, amigo mío, piensa
y en nadie delegues.
¡Atrévete a ser libre!
¡Si quieres. Puedes!
Francisco Jiménez
25 enero 2008
Kodak
He perdido mi objetivo.Sólo queda la carcasa.
Qué grabarán las retinas
en mi memoria oxidada.
El fotómetro sin pilas,
la luz del flash destrozada,
del obturador: cortinillas,
firmemente soldadas.
Si miras por el visor…
ves una negrura ahumada.
Y los hongos se han comido
toda la piel de la cámara.
He perdido mi objetivo.
Sólo queda la carcasa.
Es sólo un cacharro más
de los que guardan mi casa.
Francisco Jiménez
23 enero 2008
Cándidos como Palomas
Desde que las batas blancas
arrebataron a las batas negras
el poder terrenal
en el mundo occidental.
Ya no libran su eterna batalla
el bien contra el mal.
Ahora es la salud
la que lucha a brazo partido
contra la enfermedad.
Un hombre bueno, es un hombre sano,
y le llaman enfermo, al malo.
Pero yo no me lo trago.
La maldad existe, se mastica, es evidente.
"Es un concepto moral" dicen los creyentes
de la teología a la psiquiatría,
haciendo con sus drogas, brujerías,
cambiando, según la moda, de teorías:
del electroshock, a la lobotomía,
de encerrarlos en mazmorras,
a en la calle todo el día.
Unos son psicoanalistas,
otros, conductivistas.
Y otros son maestrillos
que tienen sus propios librillos.
Los más, químicos artificieros,
que pretenden arreglar los problemas del alma
con un surtido de drogas blandas.
Los científicos fieros
me dirán: ¿Qué alma?
¿Dónde está que no se ve?
¿Que me la encuentren?
Sin darse cuenta que ellos
viven de la de sus pacientes.
Pero al alma, las batas blancas
le llaman: la mente.
¿Qué mente?
¿Dónde está que no se ve?
¿Que me la encuentren?
Decían las batas negras:
aborrece el pecado y ama al pecador.
Y las batas blancas:
destruye la enfermedad y cuida la portador.
Y yo me digo, a solas, en mi corta inteligencia,
que sin falsas modestias, tengo.
Hay gente mala, mala, mala...
que no merece ni amor, ni consideración, ni respeto.
Hay gente mala, mala, mala...
y la responsabilidad es de ellos.
Hay gente mala, mala, mala...
podrida, sin sentimientos,
violenta, violadores asesinos sin remordimientos.
Somos cándidas palomas,
estúpidos borregos
que esperan que el lobo se los coma,
paralizados de miedo.
Discutimos si sin galgos,
que si son podencos, los canes.
Mientras los halcones se están cebando
en nuestros palomares.
...Y, nosotros discutiendo,
mientras se afilan los dientes
los monstruos del averno,
y las garras,
y los penes de hierro.
Están locos o están cuerdos
esos malnacidos
que hacen tanto daño
cuando pueden hacerlo:
Depende de si mandan
los blancos
o los negros
en ese momento.
Si Dios lo hubiera sabido,
no hubiera expulsado a nuestros padres
del paraíso, hasta el final de los tiempos.
Les hubiera dado de baja, y sin quitarles la Gracia
les habría mandado a la farmacia
a por un tratamiento.
Y el Ángel que los desterró
con su espada de fuego divino
se hubiera reconvertido
en un psicólogo argentino.
Y los habría encarrilado
por el buen camino.
arrebataron a las batas negras
el poder terrenal
en el mundo occidental.
Ya no libran su eterna batalla
el bien contra el mal.
Ahora es la salud
la que lucha a brazo partido
contra la enfermedad.
Un hombre bueno, es un hombre sano,
y le llaman enfermo, al malo.
Pero yo no me lo trago.
La maldad existe, se mastica, es evidente.
"Es un concepto moral" dicen los creyentes
de la teología a la psiquiatría,
haciendo con sus drogas, brujerías,
cambiando, según la moda, de teorías:
del electroshock, a la lobotomía,
de encerrarlos en mazmorras,
a en la calle todo el día.
Unos son psicoanalistas,
otros, conductivistas.
Y otros son maestrillos
que tienen sus propios librillos.
Los más, químicos artificieros,
que pretenden arreglar los problemas del alma
con un surtido de drogas blandas.
Los científicos fieros
me dirán: ¿Qué alma?
¿Dónde está que no se ve?
¿Que me la encuentren?
Sin darse cuenta que ellos
viven de la de sus pacientes.
Pero al alma, las batas blancas
le llaman: la mente.
¿Qué mente?
¿Dónde está que no se ve?
¿Que me la encuentren?
Decían las batas negras:
aborrece el pecado y ama al pecador.
Y las batas blancas:
destruye la enfermedad y cuida la portador.
Y yo me digo, a solas, en mi corta inteligencia,
que sin falsas modestias, tengo.
Hay gente mala, mala, mala...
que no merece ni amor, ni consideración, ni respeto.
Hay gente mala, mala, mala...
y la responsabilidad es de ellos.
Hay gente mala, mala, mala...
podrida, sin sentimientos,
violenta, violadores asesinos sin remordimientos.
Somos cándidas palomas,
estúpidos borregos
que esperan que el lobo se los coma,
paralizados de miedo.
Discutimos si sin galgos,
que si son podencos, los canes.
Mientras los halcones se están cebando
en nuestros palomares.
...Y, nosotros discutiendo,
mientras se afilan los dientes
los monstruos del averno,
y las garras,
y los penes de hierro.
Están locos o están cuerdos
esos malnacidos
que hacen tanto daño
cuando pueden hacerlo:
Depende de si mandan
los blancos
o los negros
en ese momento.
Si Dios lo hubiera sabido,
no hubiera expulsado a nuestros padres
del paraíso, hasta el final de los tiempos.
Les hubiera dado de baja, y sin quitarles la Gracia
les habría mandado a la farmacia
a por un tratamiento.
Y el Ángel que los desterró
con su espada de fuego divino
se hubiera reconvertido
en un psicólogo argentino.
Y los habría encarrilado
por el buen camino.
Francisco Jiménez
21 enero 2008
Lost
Empieza la cuenta atrás para la serie Lost, faltan sólo 10 días para que empiecen a emitir la cuarta temporada, en EEUU.
Estoy enganchadísima a esta serie y como en España tardan tanto en emitir los capítulos la estoy siguiendo al ritmo de emisión de EEUU, gracias a webs como Perdidos por Lost Club y Lostzilla puedo bajarme los capítulos ya subtitulados en español.
Esta temporada me he propuesto no leer spoilers a ver si lo consigo ;D
20 enero 2008
El Perchero
Cuando tu corazón pone la luz verde
y nadie pasa.
Cuando solo oyes los ecos de tu propia voz,
en las paredes frías de tu casa.
Y tienes un teléfono sordomudo, tan callado,
que a veces te preguntas, si estará estropeado.
Cuando se te hace un nudo en la garganta,
mientras tachas en la agenda
al último amigo, que ya de ti, no se acuerda,
y te deja colgado... y te cuelga...
Cuando encuentras la casa tan vacía,
como la dejaste...
al abrir la puerta...
La soledad te desborda,
te apresa en su negra masa espesa.
Hablar solo.
Comer solo.
Beber solo.
Solo llorar...
¡Qué tristeza...!
Van pasando los días
y nadie te los llena.
Vacíos, unos detrás de otros,
como una larga cadena.
¿Cómo sabrás quién eres
si tu piel no se refleja
en otras pieles...?
Ni nadie pronuncia tu nombre,
ni te requiere.
A los huérfanos de amor,
solitarios...
sólo les queda el dolor
de acostarse, a solas,
con la radio.
Van pasando los días,
y nadie te los llena.
Vacíos, unos detrás de otros,
como una eterna condena.
Mañana, tal vez, mañana,
encuentres a tu alma gemela
que tanto ansias en tu cama.
Marñana, tal vez, mañana.
Te oyes a ti mismo,
hablándole a la almohada:
- Mañana, tal vez, mañana...
Tu cepillo de dientes
vive como tú,
solo en el vaso.
Y te lleva a la boca, cada día,
el sabor amargo del dentrífico:
Fracaso.
De puertas afuera ¿quién lo diría?
Cuando cuelgas la careta en el perchero.
Sólo tú sabes, hasta que punto tu casa es fría.
Y el límite de tu duelo.
Francisco Jiménez
18 enero 2008
Cerveza/Certeza

A la segunda Voll-Damm
he comprendido el misterio.
En mitad de las grietas de la noche.
Las farolas naranjas de la desierta autopista.
La nube etílica de limón fosforescente.
El regusto de la flor amarga
de la adormidera.
La soledad cálcica del esqueleto…
Comprendí el sentido de la vida.
El porqué de todo esto.
Sonreí con esa lucidez increíble
que me iluminaba por dentro.
Mi inteligencia se elevó a la enésima potencia….
!!!LO ENTIENDO, LO ENTIENDO ¡¡¡
Pero tenía sed y seguí bebiendo…
A la tercera Voll-Damm,
se me olvidó todo,
por completo.
Y aquí
me hallo
ahora:
resacoso,
ignorante
y…
perplejo.
he comprendido el misterio.
En mitad de las grietas de la noche.
Las farolas naranjas de la desierta autopista.
La nube etílica de limón fosforescente.
El regusto de la flor amarga
de la adormidera.
La soledad cálcica del esqueleto…
Comprendí el sentido de la vida.
El porqué de todo esto.
Sonreí con esa lucidez increíble
que me iluminaba por dentro.
Mi inteligencia se elevó a la enésima potencia….
!!!LO ENTIENDO, LO ENTIENDO ¡¡¡
Pero tenía sed y seguí bebiendo…
A la tercera Voll-Damm,
se me olvidó todo,
por completo.
Y aquí
me hallo
ahora:
resacoso,
ignorante
y…
perplejo.
Francisco Jiménez
17 enero 2008
No se puede fumá
Nunca he fumado y los que me conocen bien saben lo que me molesta el humo y el olor a tabaco pero esta canción de los mojinos me ha hecho mucha gracia. Dedicada a todos los fumadores y de paso recordaros que fumar no es bueno.
16 enero 2008
España
España
se ensaña
con maña.
Quitándose las legañas,
con las uñas,
de las pestañas.
Adorando patrañas,
se empeña
en hacer leña
de su propia enseña.
España
se ensaña
con maña.
Dándole caña
a su propia peña,
a la que regaña,
engaña,
y despierta, mientras sueña
con cosas extrañas.
España
duerme en una tienda de campaña,
custodiando una viña
con una guadaña,
con la que se apaña.
y todo se rapiña
menos la cigüeña
que nos acompaña.
España
es un río de montaña
y un desván de telaraña.
Es la vieja bruja, nariz aguileña.
Malvada y con tiña.
Y la joven bella que se te encariña
y su amor te aliña
y se hace tu dueña.
Pero su auténtica entraña
es huraña:
España, España, España
... tres cucañas.
A veces devora a sus hijos: boca de piraña.
A su misma ralea, a su misma calaña.
Prendida en mi pecho como una laña,
me abre una herida, me escuece, me araña.
España
zuña y estaña
sus miserias, y sus hazañas.
A veces garduña,
a veces gazmoña,
a veces, no restaña
la sangre en que se baña.
Como una alimaña
metiendo cizaña,
liando la greña,
dándote castaña.
España
retoña
y de nuevo se bruñe,
y de nuevo te ordeña,
y de nuevo de empuña.
La vieja España
otra vez se enmaraña
pensando musarañas.
Y escudriña,
y se despeña,
y después se preña,
y se jiña,
asustada niña hogareña
con sus espardeñas,
que con una raña
le quita la roña
al pulpo de España.
Sociedad isleña,
medio caribeña,
medio marismeña.
Eternamente sureña.
Que su tam-tam el aire tiña,
la música que tañe.
Que la inmortal eñe
siempre os acompañe.
En una tapia de Cataluña
encontré una contraseña:
"PUTA ESPAÑA"
Pensé : ¡Coño!
¡Ahí es la quintaesencia del alma de esta tierra extraña!
Que mientras más, en negarla, sus hijos se empeñan,
más, en su esencia, se bañan.
se ensaña
con maña.
Quitándose las legañas,
con las uñas,
de las pestañas.
Adorando patrañas,
se empeña
en hacer leña
de su propia enseña.
España
se ensaña
con maña.
Dándole caña
a su propia peña,
a la que regaña,
engaña,
y despierta, mientras sueña
con cosas extrañas.
España
duerme en una tienda de campaña,
custodiando una viña
con una guadaña,
con la que se apaña.
y todo se rapiña
menos la cigüeña
que nos acompaña.
España
es un río de montaña
y un desván de telaraña.
Es la vieja bruja, nariz aguileña.
Malvada y con tiña.
Y la joven bella que se te encariña
y su amor te aliña
y se hace tu dueña.
Pero su auténtica entraña
es huraña:
España, España, España
... tres cucañas.
A veces devora a sus hijos: boca de piraña.
A su misma ralea, a su misma calaña.
Prendida en mi pecho como una laña,
me abre una herida, me escuece, me araña.
España
zuña y estaña
sus miserias, y sus hazañas.
A veces garduña,
a veces gazmoña,
a veces, no restaña
la sangre en que se baña.
Como una alimaña
metiendo cizaña,
liando la greña,
dándote castaña.
España
retoña
y de nuevo se bruñe,
y de nuevo te ordeña,
y de nuevo de empuña.
La vieja España
otra vez se enmaraña
pensando musarañas.
Y escudriña,
y se despeña,
y después se preña,
y se jiña,
asustada niña hogareña
con sus espardeñas,
que con una raña
le quita la roña
al pulpo de España.
Sociedad isleña,
medio caribeña,
medio marismeña.
Eternamente sureña.
Que su tam-tam el aire tiña,
la música que tañe.
Que la inmortal eñe
siempre os acompañe.
En una tapia de Cataluña
encontré una contraseña:
"PUTA ESPAÑA"
Pensé : ¡Coño!
¡Ahí es la quintaesencia del alma de esta tierra extraña!
Que mientras más, en negarla, sus hijos se empeñan,
más, en su esencia, se bañan.
Francisco Jiménez
Spain

Es un país de escupidores,
de gallitos de taberna,
donde los inteligentes, callan;
y los tontos dicen lo que piensan.
Es un país de rancios rencores,
de miradas indiscretas,
donde los más brutos son los mejores
en una cotidiana y patética opereta.
¡Que Dios nos pille confesados!
¡Qué mal lo tenemos, los poetas!
Es un país donde el único arte
y los únicos artistas
son el fútbol,
los futbolistas...
Y sus cronistas...
Es un país de revistas de cotillas,
y de pillos...
Donde: eres de los nuestros, o...
a chupar banquillo.
Y yo, francotirador solitario,
mitad loco, mitad profeta,
que dispara poesías
en cotos vedados, a la luz del día
con tan humilde escopeta...
¡Qué mal que lo tengo, siendo poeta!
Francisco Jiménez
15 enero 2008
Relato anónimo
Este relato me llegó por mail no sé quién es su autor pero me gustó y aquí lo pongo para compartirlo, si alguien ya lo conocía, ahora tiene la oportunidad de volverlo a leer.
Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el liquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenia que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana. El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades, colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad. El hombre de la ventana describía todo esto con un detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena. Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras. Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía. Se llenó de pesar y llamó a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo. Tan pronto como lo considero apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambió encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación. Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama... y se encontró con una pared blanca. El hombre preguntó a la enfermera que podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indicó: "Quizás solo quería animarle a usted".
Epilogo: Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble. Si quiere sentirse rico, solo cuente todas las cosas que tiene y que el dinero no puede comprar. "Hoy es un regalo, por eso se le llama el presente".
Epilogo: Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble. Si quiere sentirse rico, solo cuente todas las cosas que tiene y que el dinero no puede comprar. "Hoy es un regalo, por eso se le llama el presente".
14 enero 2008
¡Felicidades Javier!
13 enero 2008
El voceras de la COPE:

GRAJO
Gran inquisidor, martillo de herejes.
Desde su gran autoridad de pacotilla
va encendiendo con cerillas
las grandes piras de leña verde.
Se piensa halcón altanero
que desde las alturas otea la tierra;
pero es más bien de vuelo raso
y con sus alas roza mierda.
Cria cuervos y te sacaran los ojos.
Dime de que presumes...
En el pecado está..
En el pais de los tuertos...
el ciego es él.
Ave de mal agüero y dañina
que va cagando estricnina
sobre las ondas hercianas.
Y se alimenta de lo más podrido,
de lo más sórdido...
que encuentra bajo las sotanas.
Franciso Jiménez
11 enero 2008
El círculo del Noventa y nueve
Aquí os dejo un cuento de Jorge Bucay para relexionar sobre la felicidad, espero que os guste.Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz.
Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertar al rey contando y tarareando alegres canciones de juglares. Una gran sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.
Un día, el rey lo mandó a llamar.
—Paje –le dijo— ¿cuál es el secreto?
—¿Qué secreto, Majestad?
—¿Cuál es el secreto de tu alegría?
—No hay ningún secreto, Alteza.
—No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
—No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
—¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?
—Majestad, no tengo razones para estar triste. Su alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?
—Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar – dijo el rey—. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
—Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...
—Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.
El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos.
Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
—¿Por qué él es feliz?
—Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
—¿Fuera del círculo?
—Así es.
—¿Y eso es lo que lo hace feliz?
—No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
—A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
—Así es.
—Y él no está.
—Así es.
—¿Y cómo salió?
—¡Nunca entró!
¿Qué círculo es ese?
—El círculo del 99.
—Verdaderamente, no te entiendo nada.
—La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.
—¿Cómo?
—Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
—Eso, obliguémoslo a entrar.
—No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
—Entonces habrá que engañarlo.
—No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito.
—¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
—Sí, se dará cuenta.
—Entonces no entrará.
—No lo podrá evitar.
—¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
—Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
—Sí.
—Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
—¿Qué más? ¿Llevo guardias por si acaso?
—Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
—Hasta la noche.
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey.
Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba.
Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía:
ESTE TESORO ES TUYO.
ES EL PREMIO POR SER UN BUEN HOMBRE.
DISFRÚTALO Y NO CUENTES A NADIE CÓMO LO ENCONTRASTE.
Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse.
Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía.
El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados y entró en su casa.
Desde afuera escucharon la tranca de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena.
El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido en la mesa.
Sus ojos no podían creer lo que veían.
¡Era una montaña de monedas de oro!
Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él.
El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas.
Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas:
Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis... y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60... hasta que formó la última pila:
9 monedas!
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.
“No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.
—Me robaron –gritó— me robaron, malditos!
Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba.
Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99”.
“99 monedas. Es mucho dinero”, pensó.
Pero me falta una moneda.
Noventa y nueve no es un número completo –pensaba—. Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.
El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes.
El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos.
¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta.
Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla.
Después quizás no necesitara trabajar más.
Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar.
Con cien monedas un hombre es rico.
Con cien monedas se puede vivir tranquilo.
Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.
“Doce años es mucho tiempo”, pensó.
Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.
Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero.
¡Era demasiado tiempo!
Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comida todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender...
Vender...
Vender...
Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno?
¿Para qué más de un par de zapatos?
Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.
El rey y el sabio, volvieron al palacio.
El paje había entrado en el círculo del 99...
...Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche.
Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y de pocas pulgas.
—¿Qué te pasa? –preguntó el rey de buen modo.
—Nada me pasa, nada me pasa.
—Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
—Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente.
No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.
Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertar al rey contando y tarareando alegres canciones de juglares. Una gran sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.
Un día, el rey lo mandó a llamar.
—Paje –le dijo— ¿cuál es el secreto?
—¿Qué secreto, Majestad?
—¿Cuál es el secreto de tu alegría?
—No hay ningún secreto, Alteza.
—No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
—No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
—¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?
—Majestad, no tengo razones para estar triste. Su alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?
—Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar – dijo el rey—. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
—Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...
—Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.
El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos.
Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
—¿Por qué él es feliz?
—Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
—¿Fuera del círculo?
—Así es.
—¿Y eso es lo que lo hace feliz?
—No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
—A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
—Así es.
—Y él no está.
—Así es.
—¿Y cómo salió?
—¡Nunca entró!
¿Qué círculo es ese?
—El círculo del 99.
—Verdaderamente, no te entiendo nada.
—La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.
—¿Cómo?
—Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
—Eso, obliguémoslo a entrar.
—No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
—Entonces habrá que engañarlo.
—No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito.
—¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
—Sí, se dará cuenta.
—Entonces no entrará.
—No lo podrá evitar.
—¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
—Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
—Sí.
—Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
—¿Qué más? ¿Llevo guardias por si acaso?
—Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
—Hasta la noche.
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey.
Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba.
Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía:
ESTE TESORO ES TUYO.
ES EL PREMIO POR SER UN BUEN HOMBRE.
DISFRÚTALO Y NO CUENTES A NADIE CÓMO LO ENCONTRASTE.
Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse.
Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía.
El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados y entró en su casa.
Desde afuera escucharon la tranca de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena.
El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido en la mesa.
Sus ojos no podían creer lo que veían.
¡Era una montaña de monedas de oro!
Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él.
El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas.
Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas:
Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis... y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60... hasta que formó la última pila:
9 monedas!
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.
“No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.
—Me robaron –gritó— me robaron, malditos!
Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba.
Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99”.
“99 monedas. Es mucho dinero”, pensó.
Pero me falta una moneda.
Noventa y nueve no es un número completo –pensaba—. Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.
El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes.
El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos.
¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta.
Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla.
Después quizás no necesitara trabajar más.
Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar.
Con cien monedas un hombre es rico.
Con cien monedas se puede vivir tranquilo.
Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.
“Doce años es mucho tiempo”, pensó.
Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.
Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero.
¡Era demasiado tiempo!
Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comida todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender...
Vender...
Vender...
Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno?
¿Para qué más de un par de zapatos?
Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.
El rey y el sabio, volvieron al palacio.
El paje había entrado en el círculo del 99...
...Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche.
Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y de pocas pulgas.
—¿Qué te pasa? –preguntó el rey de buen modo.
—Nada me pasa, nada me pasa.
—Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
—Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente.
No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.
09 enero 2008
Regalos de Navidad

Ayer hablaban las noticias sobre los regalos de Navidad y que sobretodo la ropa y el calzado tenían que volver a visitar las tiendas porque los Reyes o Papa Noel no habían acertado en la talla, hasta aquí vale pero lo que me sorprendió es que había un buen número de personas que cambiaban los regalos por otro, y yo pensé "yo nunca cambiaría un regalo por ese motivo" hay regalos que te gustan más que otros pero sólo por la molestia que se ha tomado el que te lo ha regalado no se merece ese desprecio. Si hay algo que verdaderamente te hace ilusión y nadie lo sabe, puedes esperar otra ocasión, o ahorrarlo y comprártelo tú mismo. ¿Tú que opinas?
07 enero 2008
HACER EL AMOR
No prostituyas las palabras,
al pan, pan; y al vino, vino
llámalo coitar, joder, follar
lamer, besar, chupar...
Pero llamarlo hacer el amor
es indigno.
Hacer el amor
es darle de comer al hambriento.
Hacer el amor
es reconfortar al enfermo.
Hacer el amor
es escuchar al anciano.
Hacer el amor
es querer a tu hermano
sea blanco, negro, o gitano.
Hacer el amor
es acompañar al moribundo.
Hacer el amor
es sonreírle al vagabundo.
Hacer el amor
es llorar con el que sufre su duelo.
Hacer el amor
es limpiarle los mocos al abuelo.
Hacer el amor
es ser honrado y consciente
haciéndole el bien a la gente.
Hacer el amor
no es el tanto tienes, tanto vales.
ni tiene nada que ver con los genitales.
Para hacer el amor
se tiene que ser valiente,
abstenerse cínicos, malnacidos
egoístas e inconscientes.
Y si no somos lo suficientemente hombres,
al menos, llamemos a las cosas
por su nombre.
al pan, pan; y al vino, vino
llámalo coitar, joder, follar
lamer, besar, chupar...
Pero llamarlo hacer el amor
es indigno.
Hacer el amor
es darle de comer al hambriento.
Hacer el amor
es reconfortar al enfermo.
Hacer el amor
es escuchar al anciano.
Hacer el amor
es querer a tu hermano
sea blanco, negro, o gitano.
Hacer el amor
es acompañar al moribundo.
Hacer el amor
es sonreírle al vagabundo.
Hacer el amor
es llorar con el que sufre su duelo.
Hacer el amor
es limpiarle los mocos al abuelo.
Hacer el amor
es ser honrado y consciente
haciéndole el bien a la gente.
Hacer el amor
no es el tanto tienes, tanto vales.
ni tiene nada que ver con los genitales.
Para hacer el amor
se tiene que ser valiente,
abstenerse cínicos, malnacidos
egoístas e inconscientes.
Y si no somos lo suficientemente hombres,
al menos, llamemos a las cosas
por su nombre.
Francisco Jiménez
06 enero 2008
Carta a un adolescente
Tienes 17 años y has dejado los estudios. Cuando me enteré lo primero que pensé "pero ¿qué hace?¿si no le iba tan mal?¿si no ha repetido nunca?". Ahora después de reflexionar creo que has hecho lo mejor porque seguir asistiendo a clase (que no estudiando) hubiese sido una pérdida de tiempo pero como dice el dicho "nadie aprende en cabeza ajena" sólo tú tendrás que sacar conclusiones de tu decisión y tu experiencia.
Los adolescentes tenéis prisa, prisa por vivir, parece que os falta tiempo. Algunos creéis que estudiar es una pérdida de tiempo y estáis deseando trabajar para tener un dinerillo. ¿pero qué clase de trabajo encuentras si no estás preparado?, no todo el mundo tiene que ser universitario pero sí tienes que tener una formación adecuada para enfrentarte al mundo laboral en las mejores condiciones.
Por otra parte creo que tampoco es el fin del mundo, no es una decisión irrevocable puedes más adelante retomar los estudios pero tienes que ser consciente que es más difícil retomarlos que seguir adelante. Sólo espero que las decisiones que tengas que tomar a corto plazo sean las acertadas. Si lees esto te mando un beso muy grande y ojalá que las cosas te salgan bien.
Con cariño
Tu tita Carmen
Los adolescentes tenéis prisa, prisa por vivir, parece que os falta tiempo. Algunos creéis que estudiar es una pérdida de tiempo y estáis deseando trabajar para tener un dinerillo. ¿pero qué clase de trabajo encuentras si no estás preparado?, no todo el mundo tiene que ser universitario pero sí tienes que tener una formación adecuada para enfrentarte al mundo laboral en las mejores condiciones.
Por otra parte creo que tampoco es el fin del mundo, no es una decisión irrevocable puedes más adelante retomar los estudios pero tienes que ser consciente que es más difícil retomarlos que seguir adelante. Sólo espero que las decisiones que tengas que tomar a corto plazo sean las acertadas. Si lees esto te mando un beso muy grande y ojalá que las cosas te salgan bien.
Con cariño
Tu tita Carmen
03 enero 2008
Ya estoy de vuelta
Pues sí, ya estoy de vuelta y no he venido sola me acompaña una gastroenteritis que me está dejando un poco debilucha.
Para empezar bien el año os dejo otra de las poesías de mi hermano.
Adamar
Quizás las piedras sean daltónicas; pero...
lo que nunca entenderé,
es cómo consiguen estar
tanto tiempo sin respirar.
Esquemar, esquemar,
ata tus zapatos rotos
con cordones de cristal,
vístete por dentro, niña,
con la luz de la luna y de sal.
Extiende tus alas al sol.
a orear, a secar ...
Esquemar, esquemar,
que bonito es navegar
por calles luminiscentes
sobre las olas del mar.
Quién pudiera ser gaviota
y volar, y volar...
y vivir de la carroña
en este inmenso carroñal.
Te esperaré sentado
en la barra de algún garito
silbando la música eléctrica,
de tu videojuego favorito.
Esquemar, esquemar
que bonito es navegar
por las calles concurrentes,
si te lleva la corriente,
de bar en bar.
Para empezar bien el año os dejo otra de las poesías de mi hermano.
Adamar
Quizás las piedras sean daltónicas; pero...
lo que nunca entenderé,
es cómo consiguen estar
tanto tiempo sin respirar.
Esquemar, esquemar,
ata tus zapatos rotos
con cordones de cristal,
vístete por dentro, niña,
con la luz de la luna y de sal.
Extiende tus alas al sol.
a orear, a secar ...
Esquemar, esquemar,
que bonito es navegar
por calles luminiscentes
sobre las olas del mar.
Quién pudiera ser gaviota
y volar, y volar...
y vivir de la carroña
en este inmenso carroñal.
Te esperaré sentado
en la barra de algún garito
silbando la música eléctrica,
de tu videojuego favorito.
Esquemar, esquemar
que bonito es navegar
por las calles concurrentes,
si te lleva la corriente,
de bar en bar.
Francisco Jiménez
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