y nadie pasa.
Cuando solo oyes los ecos de tu propia voz,
en las paredes frías de tu casa.
Y tienes un teléfono sordomudo, tan callado,
que a veces te preguntas, si estará estropeado.
Cuando se te hace un nudo en la garganta,
mientras tachas en la agenda
al último amigo, que ya de ti, no se acuerda,
y te deja colgado... y te cuelga...
Cuando encuentras la casa tan vacía,
como la dejaste...
al abrir la puerta...
La soledad te desborda,
te apresa en su negra masa espesa.
Hablar solo.
Comer solo.
Beber solo.
Solo llorar...
¡Qué tristeza...!
Van pasando los días
y nadie te los llena.
Vacíos, unos detrás de otros,
como una larga cadena.
¿Cómo sabrás quién eres
si tu piel no se refleja
en otras pieles...?
Ni nadie pronuncia tu nombre,
ni te requiere.
A los huérfanos de amor,
solitarios...
sólo les queda el dolor
de acostarse, a solas,
con la radio.
Van pasando los días,
y nadie te los llena.
Vacíos, unos detrás de otros,
como una eterna condena.
Mañana, tal vez, mañana,
encuentres a tu alma gemela
que tanto ansias en tu cama.
Marñana, tal vez, mañana.
Te oyes a ti mismo,
hablándole a la almohada:
- Mañana, tal vez, mañana...
Tu cepillo de dientes
vive como tú,
solo en el vaso.
Y te lleva a la boca, cada día,
el sabor amargo del dentrífico:
Fracaso.
De puertas afuera ¿quién lo diría?
Cuando cuelgas la careta en el perchero.
Sólo tú sabes, hasta que punto tu casa es fría.
Y el límite de tu duelo.
Francisco Jiménez
2 comentarios:
Hola Pruna! Ya sé que paso navidad... pero podrías decirle a tu hermano, que si es tan gentil, me regale un poquito de sangre poeta??
jajaja.. en serio, excelente como siempre!
jajaja mapim ya le diré que te envíe un poquito envuelto en un paquete de regalo ;D
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