27 noviembre 2007

Cero a Cero

¡Din...!¡Don...! Jehová llama a mi puerta,
me envía dos mensajeros:
una jovencita preciosa
y un abuelo con sombrero.
"Señor que el mundo se acaba,
cómpreme esto, o eso"
Y yo con la sartén en la mano
pues iba a freirme un huevo.
Siguió la batalla dialéctica
por profundos vericuetos.
Ellos con la lección aprendida;
yo, improvisando, contento.
Después de veinte minutos
me dieron por perdido y muerto.
No les quería comprar
una casita adosada en el cielo.
-¿Y las escrituras?
-¡Las Sagradas!- Respondieron.
Me miraron asombrados.
No podían creer lo que oyeron.
Aparte de gilipollas, yo era
también blasfemo...
Se despidieron amables,
buscando otros timbres nuevos.
Al cerrar la puerta
me quedó un regusto amargo
en el silencio:
Creen ir predicando la verdad;
pero en realidad van vendiendo
libritos y revisas, sin cobrar
ni un céntimo.
Yo les dí lástima,
y a mí me la dieron ellos.
El partido acabó
empatados, cero a cero.
A lo mejor algún día,
toco a sus aldabas,
con mucha cortesía,
y les invito a que me compren
esta poesía.
No son palabras santas;
pero son las mías.


Francisco Jiménez

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